Los días en los que viví peligrosamente… y fin

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Melani Barreto tenía sólo cinco años cuando la entrevisté en su agencia de modelos, Garbo&Class. Nieta de la todopoderosa dueña de calzados Luchi, una de las marcas patrocinadoras de Miss Venezuela, hizo su entrada triunfal vestida de rosa y con gafas a lo Monroe. Mientras me mostraba su destreza sobre unos tacones de vértigo ataviada con su banda de Princesita Infantil Internacional, su madre me contaba orgullosa la temprana vocación de miss de su preciosa criatura. Ella, sin embargo, aseguraba querer dedicarse a cuidar animales. Hace apenas unos días, escribí su nombre en Google por pura curiosidad. Quería averiguar qué había sido de ella, si se había convertido en la reina de la belleza que soñaba su madre o, por el contrario, viviría en el más absoluto de los anonimatos. Y confieso que no sentí sorpresa alguna cuando encontré la imagen de aquella pequeña de ojos azules centelleantes que se sentaba sobre mis piernas en la foto que publicó el MAGAZINE convertida en una voluptuosa adolescente, habitual de los certámenes de misses.
A las otras dos protagonistas de aquel reportaje que me llevo a una Venezuela convulsa, Lusgrid Farías y Ailyn Joa, Pequeña Modelo de Venezuela 1999, no las he podido localizar… todavía. Espero hacerlo aunque no las tengo todas conmigo. Ellas, a diferencia de Melani, no eran de familias acomodadas. Más bien todo lo contrario. Sus padres veían en sus niñas una oportunidad para salir de la pobreza, de la marginación de barrios como el de Catia, en el que vivía Lusgrid, y que se erigió en epicentro de la revuelta popular que logró el regreso de Chávez al poder.
Y, mientras yo charlaba con mis tres aprendices de misses, rubias y de aspecto germánico, los acontecimientos se sucedían a una velocidad vertiginosa en la capital. En menos de 48 horas, dos golpes de estado y medio centenar de muertos. Todo ello ante la impasible ‘mirada’ de una televisión que se empeñaba machaconamente en mostrar cómo lograr unos abdominales perfectos y unos bíceps de escándalo en lugar de informar sobre lo que ocurría en las calles. Chávez volvió a Miraflores; yo terminé mi reportaje y el aeropuerto reinició su actividad. Entonces, me despedí de una ciudad asombrosa de pasado rutilante, de mis conversaciones ‘allenianas’ con Ramy y de la sabiduría de Rafael.

(FOTO: MAGAZINE DE EL MUNDO)

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