‘Habemus’ miss…

Aquella aburrida tarde de enero acabó en taquicardia. En taquicardia y somnífero para conciliar el sueño. En 48 horas debía de responder a la propuesta más descabellada que había recibido en mi vida: convertirme en una aspirante a miss de 24 años, cuando mi dni marcaba ya los 31, para investigar los chanchullos ocultos en los certámenes de belleza con una cámara oculta. Tras una precipitada deliberación familiar en el salón de mi casa, el veredicto fue unánime. Tenía que hacerlo. Era la oportunidad que había estado esperando. Una oportunidad que hoy, tras haber pasado por ella, jamás recomendaría a mi hija. Acepté. Y, entonces, dejé de ser quién era durante tres meses. Desaparecí de mi puesto en AULA, me aparté de mis amigos… Nadie, a excepción de mis padres y mi hermano, sabía con exactitud el tremendo lío en el que me había metido. Ahora pienso que ni yo misma lo sabía… Estaba tan alucinada por la trama que habían ideado mis compañeros de investigación y tan motivada por hacerlo bien que no calculé bien hasta qué punto me la estaba jugando. Simplemente, me metí en el papel. Y comencé a ser Gema, la modelo de una empresa ficticia llamada Everlasting, que soñaba con ser miss… a cualquier precio…

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