La letra pequeña…

Queridas Ana, Aurora y Leah:

Hay cosas sobre las que nadie te advierte antes de ser madre por primera vez. Cosas que se dan por supuestas o que, simplemente, no interesa recalcar por el bien de la supervivencia de la especie. Detalles que, a sabiendas o no, se ‘pasan por alto’ en los cursillos de preparación al parto y no son noticia en los medios, que prefieren endulzar los sentidos de la embarazada con un bello discurso único de exaltación de la maternidad. Es la letra pequeña de un nuevo estado perpetuo en el que ingresamos al concebir. Detalles tan nimios como que el parto sin dolor, no existe. Porque, por mucho que hayamos avanzado con respecto a las valerosas generaciones anteriores por obra y gracia de la bendita epidural, parir duele. Más que doler, abrasa.. Ese dolor tan bestial, tan desgarrador, hace que se despierte en ti el yo que dominará tu vida a partir del momento en el que nazca tu hijo: el yo mamífero. La delicada mujer civilizada que entro por la puerta de la clínica desaparece para convertirse en la hembra que, como si de una especie de ‘transformer’ se tratara, se desencaja por dentro para abrir camino a una nueva vida. Pero que no cunda el pánico. Os aseguro que es el dolor más brutalmente hermoso que sentiréis jamás y el necesario preludio al instante más feliz de vuestras vidas: el momento en el que veréis su cara por primera vez. No hay nada, absolutamente nada, comparable con el estado de éxtasis en el que entraréis cuando os coloquen a vuestro hijo sobre el pecho. En apenas unos segundos, su olor, su llanto, su forma de mover las manos se grabarán en el disco duro de vuestro cerebro para siempre. En el vuestro, y en el de vuestra pareja que, probablemente, no podrá controlar su temblor de piernas. Entonces, ya no habrá rastro de dolor. Sólo una felicidad indescriptible.

Pero, queridas amigas, lo duro llega luego. Al regresar a casa. Cuando, doloridas aún por los puntos y con los pechos a punto de estallar por la subida de leche, os preguntaréis qué hago yo ahora con esta cosa tan pequeña que, como si de una tortura programada se tratara, me despierta cada media hora con un llanto imposible de descifrar. ¿Hambre? ¿Gases? ¿Pis? ¿Reflujo? Entonces, dudaréis sobre la calidad de vuestra leche, sobre si le estaréis poniendo bien al pecho, o sobre si le dais biberón… Y surgirán decenas de voces amigas con consejos que, en la mayoría de las ocasiones, no harán más que acrecentar vuestras inseguridades. El subidón de endorfinas con el que vuestros cuerpos combatieron los estragos del parto dejará paso a una revolución hormonal de consecuencias impredecibles, a los ‘puerperium blues’. A las lágrimas sin motivo, a la tristeza, al nunca seré la que fui, y al cariño, te quiero… Tranquilidad. Por eso también pasamos otras antes. Aunque no se cuente. Relajaros y disfrutad del sumo placer de amamantar a vuestros hijos, sin relojes, sin control de horas, ni de tiempos. Los cronómetros, para el deporte. Y respirad. Dormid cuando lo hagan vuestros bebés. Escuchad música. Caminad al aire libre. Y limitad las visitas al máximo. Vuestra pareja, vosotras y vuestros bebés. No necesitáis más. Y si se os cuela alguien no esperado, que lo haga con un buen caldo en lugar de con un peluche. Queridas, the best is yet to come… Enjoy it…     

Pd: dedicado a Erik, Alejandra y Lola.

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6 comentarios en “La letra pequeña…

  1. No podías haber descrito de una forma más realista y más bonita el comienzo de la maternidad…

    Pero no podía ser de otra manera, claro. Porque tú sí que sabes. Eres MADRE, y con mayúsculas…

    Qué suerte que hayas aprendido tanto de tus experiencias pasadas. Ojalá la mitad de la población aprendiera la mitad de lo que tú lo haces… Mucho mejor nos iría a todos!

    Muchos besos

  2. Yo tengo dos niños, precioso y buenos, se llevan 18 meses, uno tiene dos años y medio y el otro a punto de cumplir uno. No los cambiaría por nada, pero estoy agotada todo el tiempo y no puedo ir sola a ningún sitio….como sí mi yo se hubiese diluido en medio de pañales y papillas. A veces resulta un poco asfixiante. Nadie me contó en los cursos de preparación al parto, ni en los mil libros que leí, que esto pasaría y que tendría serias dificultades para hacer cosas normales como ir al médico o a comprar unos zapatos.

    • Mis dos niños mayores se llevan 15 meses.. la mediana y el pqueño, 20. todo es una locura. una maravillosa locura. a veces, me ahogo. a veces, grito. pero, a la vez. quiero parar el tiempo. por eso quería escribir, para contar las sensaciones de las madres de verdad.. madres como tú o como yo. ánimo, ana!! disfruta de los mejores años de tu vida!! un beso!

  3. Qué maravilla, Gema. Me ha encantado leerte. Consigues que todavía me haga más ilusión la llegada de Alejandra!!! Muchas gracias y un besazo enorme. Qué ganas de verte!!

  4. ¡Me ha encantado, Gemita! De qué forma tan especial describes el comienzo de la maternidad… Al final caerá una embarazada más en el departamento ;). ¡Un abrazo y sigue así de activa!

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