Quién es esa madre tan rara con la que vas…

Mis botas y yo

Reinventado a Loquillo… Mis vecinos no lo dicen, no, pero me miran mal. De arriba abajo, para ser más exactos. Y varias veces. Y sé que, otra vez, es mi culpa. Una madre de familia numerosa con botas militares no puede ser de fiar. Y si, encima, los domingos sale de casa temprano y regresa sudando y jadeante una hora después, la cosa roza lo preocupante. Lo de ir por la calle con el pelo mojado después de nadar en pleno invierno, mejor lo pasamos por alto. Esas miradas inquisidoras unidas a algún espontáneo “no pareces una madre”, me dan qué pensar. Pienso sobre el estereotipado modelo de madre que perdura en esta sociedad nuestra de cada día. En la madre con aspecto de… ¿madre? Y me pregunto: ¿qué aspecto debe de tener una madre? ¿Ha de llevar tacones? ¿qué longitud debe de tener su melena? ¿Puede ‘ir marcando’, por el contrario, se recomienda tirar de prendas ‘holgaditas’?   Voy un paso más allá: ¿una madre puede correr medias maratones? ¿y ser aficionada al fútbol? ¿y odiar el maquillaje? Y, a una madre, ¿le puede gustar beber la cerveza ‘a morro’?

Habrá quien piense que esta batería de preguntas roza lo absurdo. Puede ser. O no. Pero mi reflexión va un paso más allá. Va mucho más allá. Tan lejos como para llegar a la conclusión de una madre puede llevar botas militares, beber cerveza a morro, hacer ‘crossfit’ y hasta guardar cola durante cuatro días para ver a Bruce Springsteen en primera fila sin, por todo ello, dejar de tener claro que su principal misión en la vida es cuidar de sus hijos. Tan lejos como para pensar que un hijo lo que necesita es el amor incondicional de unos padres cuyo vínculo no tiene por qué estar sellado ni por lo divino, ni por lo humano. Y tan lejos como para estar segura que aquellos a cuyas uniones se resta importancia por ‘no garantizar la supervivencia de la especie’ son potencialmente tan buenos, o tan malos padres, como los que pasamos por vicaría vestidos con nuestras mejores galas para prometernos amor eterno. O que, dejando a un lado modelos tan ideales como, en ocasiones, irreales, una mujer o un hombre en solitario pueden dar mucho más afecto, entrega y dedicación a su hijo que una pareja de las de ‘toda la vida’. Dicho esto, no pienso quitarme las botas, ni dejar de beber cerveza, ni de volver jadeando los domingos… de correr como una loca por el Retiro. Una loca, madre de familia numerosa.

Pd: ruego disculpen las posibles erratas. Las condiciones en las que escribo no son siempre las mejores 😉

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2 comentarios en “Quién es esa madre tan rara con la que vas…

  1. Well said Gema! Ser buena madre es independiente de tu forma de vestir y presentarte al mundo (aunque no entiendo como no les gustan sus botas militares, me encantan). Espero que hay mas madres como tu que estan redefiniendo el papel de madre en estos tiempos. No importa si tu vecinos no te entienden o te juzgan. Me parece muy triste que solo fijan del externo y no se dan cuenta del interno. Solo verte por unos minutos con tus hijos, es claro que tu corazon casi esta reventando con amor y compasion. Eso es ser buena madre.

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