Padres tóxicos

Nos apesta el aura. Vivimos en tensión. Estamos cabreados, acomodados en un permanente estado de ‘y tú, más’. Llegamos a casa agotados de trabajar, mal comidos y peor respirados tras sobrevivir a la  sinfonía encadenada de eres en insalubres edificios inteligentes de ventanas que no se abren y suelos de moqueta que no se friegan. Desprendemos toxicidad. Somos padres radioactivos que regresamos al hogar rezumando energía negativa en busca de unos hijos a los que cargamos con la responsabilidad de devolvernos la fe en el género humano. Buscamos refugiarnos en sus besos, en sus palabras infantiles sin darnos cuenta de que los niños, niños son. Y que, a diferencia de los que nos abroncan a sabiendas de que nos están amargando el día, ellos nos la lían parda porque hacerlo es una función que les viene de serie. Así que, mientras fantaseamos con atravesar el umbral de nuestros hogares para encontramos con querubines que se enganchen a nuestros agarrotados cuellos para decirnos lo mucho que nos han echado de menos, la realidad nos depara un cuadro bien diferente. Rabietas, trastadas, inapetencias, celos… Esos momentos críticos ante los que los expertos nos recetan a nosotros, padres del mundo, una colección de recomendaciones de perogrullo. No se grita. No se cede al chantaje. No se pierden los nervios… ¡Nunca se llora de la desesperación ante los niños! Obviedades empaquetadas en decálogos y vendidas como si de la fórmula de la Coca Cola se tratara para padres en apuros.

Yo, que no soy experta pero sí madre, me pregunto por qué, además de toda esa colección de simplezas, no se propone atacar el problema de raíz. O, lo que es lo mismo, por qué no nos lo hacemos mirar. Por qué no chequeamos nuestra salud mental para ser capaces de transmitir a nuestros hijos los valores correctos y unos comportamientos cuerdos. Lo sé. Soy una soñadora. Pero soñar es gratis y me divierte. Por eso, me pregunto por qué no podemos respirar antes de abrir la puerta de casa y desintoxicarnos de la mierda que arrastramos. Por qué, en lugar de pasarnos dos horas y media sentados para atiborrarnos del grasiento menú del día de turno, no vamos a sudar nuestras penas al gimnasio o a inyectarnos endorfinas en vena con una carrera por el parque. Por qué no intentamos relajarnos y, en lugar de pasarnos el día a codazos como si fuéramos jugadores de baloncesto en la zona, no nos esforzamos en hacer la vida un pelín más agradable al prójimo. No ganaremos más dinero. Ni nos salvaremos de los eres. Pero seremos más felices. Y llegaremos a casa con la suficiente fortaleza mental para aplicar esas reglas de oro que nos proponen ‘los que saben’. He dicho.

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2 comentarios en “Padres tóxicos

  1. Aunque no todos pasemos por las mismas circunstancias estoy completamente de acuerdo contigo, a mi también me gusta soñar, aunque no pueda correr por el parque siempre se puede escuchar música que acalle las malas palabras de otros o incluso anime a bailar a escondidas y nos ayude a desintoxicar nos un poco. Enganchadísima a tus post, gracias por animarme un rato cada semana con un reflejo tan real del día a día de much@s.

    • me vas a hacer llorar! gracias por los ánimos… muchas veces me faltan las energías y me pregunto por qué sigo escribiendo… mensajes como el tuyo me recargan las pilas!! un beso!

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