‘Guaguau-glotas’

Mi mejor amiga es una mujer de carácter. Por sus venas corre sangre navarra y todo lo que tiene de buena, lo tiene de… llamémoslo, directa. Para ella, los eufemismos no existen. El pan es pan; el vino, vino. Antes de entrar en el club de las madres, solía criticar con dureza a esas personas que hablan a los niños en extraños dialectos plagados de diminutivos, onomatopeyas y palabras traducidas al que, a su entender, debería de ser la lengua nativa de los más pequeños. “Son pequeños, pero no tontos. ¿Es que no se dan cuenta?”. Repetía. Yo, he de ser franca, no me había percatado de esa extraña tendencia de algunos adultos ni de sus efectos sobre los impolutos cerebros de nuestros vástagos pero tomé nota. Y, cuando fui madre, decidí poner todo mi empeño en desterrar de mi vocabulario a “los miamiaus” que corrían por las calles perseguidos por los “guaguaus” que, hambrientos, buscaban algo de “chichita” para llevarse a la boca con mucho cuidado de no hacerse ‘pupa’. Y no por una cuestión de ‘postureo’ intelectual, sino por pura practicidad. Opté por enseñar a mis hijos un solo idioma, el español de toda la vida, reservando el bilingüismo para un idioma útil, como el inglés, en lugar de volverles locos con uno inventado.

Porque, como bien decía mi amiga del alma, los niños no son tontos. Son muy listos y tienen una capacidad de aprender infinitamente mayor que la nuestra. No hay más que ver lo bien que utilizan los tacos que cazan al vuelo y sueltan en el momento justo, en la situación apropiada. Observan, estudian y graban todo en sus discos duros. Nos brindan a nosotros. los padres, la oportunidad de oro de abrirles los ojos y las orejas a un mundo nuevo de conocimientos, sensaciones y experiencias. Un mundo nuevo en el que, además de princesas de Disney y Cantajuegos, también deberían tener cabida Spielberg, los Rolling o Serrat. Los límites los ponemos nosotros, los adultos que narcotizamos a nuestros niños con tallarines y elefantes de sonajeros gigantes. No se trata de adelantar acontecimientos, entiéndanme, ni de imponer nuestros gustos de adultos, ni de hablarles como académicos de la Lengua. Simplemente, de facilitarles las cosas. O, como hace mi amiga, llamar al pan, pan; y al ‘guauguau’, perro. Vamos, creo yo.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s