S.O.S.:’Operación bikini’

No puedo con la ‘operación bikini’. El empacho de píldoras y cremas chupagrasas me produce desazón. No soporto los consejos de las famosas para tener un cuerpo 10. Me repele el diccionario de dietas, de la Dunkan a la del tomate. Y me cuesta entender por qué damos tanta bola a semejante colección de simplezas primaverales. No comprendo por qué nadie grita a los cuatro vientos que la ‘operación bikini’ es una sandez; que lo suyo es abonarse de por vida a la ‘operación pantalón’, por llamarlo de otra manera igualmente estúpida. Porque matarse a hacer abdominales y alimentarse de proteínas durante dos meses para lucir tipín a lo Pepit@ Piscinas suena ya un pelín desfasado. Por mucho que los celebrities de turno nos lo envuelva para regalo, ya no cuela. Ellos, y nosotros, sabemos que sus torsos de porcelana no se esculpen en un día. Tampoco, mientras duermen. Que por mucho que nos untemos con ungüentos milagrosos, la ilusión no es suficiente si la química no acompaña. Y la química, con perdón, no obra milagros.

Lo digo porque yo misma lo experimente en mis carnes cuando era más joven y crédula. Porque yo también fui una veinteañera atrapada por el influjo de esos especiales culos que preparan las revistas femeninas para cultivar la envidia de mujeres y la lascivia de los varones. Con la misma fuerza que creía la historia de amor de Juan Carlos y Sofía o la inocencia de Armstrong, creí en las cremas anticelulíticas y, a mi espejo pongo por testigo de que ninguna me funcionó (aviso a fabricantes: acepto el reto de probar si alguna lo hace y narrarlo en primera persona). Lo único que se redujeron fueron mis ahorros de estudiante con empleos temporales, pero mis cartucheras permanecieron incorruptibles.

La edad me enseñó que no hay peor tejido adiposo que el que se instala en las neuronas. Y que el secreto no es quitarse el pan y embadurnarte en geles fríos mientras te tragas la programación íntegra de la tarde-noche en la televisión, picoteando biscotes integrales, un mes antes de sacar el bañador del armario. La meta no es estar como la Paltrow o Cameron Diaz –Hugh Jackman, en el caso de vosotros- porque, aunque nos las sigan metiendo por los ojos como ejemplos a seguir, toda esa colección de macizos y tías buenas no juegan en nuestra liga. Sus entrenadores personales, sus nutricionistas y sus cirujanos, tampoco. El objetivo es sentirse bien, ágil y, ante todo, feliz. Así que, aunque los medios de comunicación nos sigan dando el coñazo con modelos inalcanzables, yo seguiré clamando en mi desierto de humilde bloguera por esa gente corriente que come bien –y de todo-, hace deporte con regularidad y no se obsesiona con esos cánones de belleza irreales con los que nos bombardean.

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2 comentarios en “S.O.S.:’Operación bikini’

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