La Isla bonita

Soy géminis. Pero una géminis de las chungas. El colmo de las géminis. Voluble, fantasiosa, soñadora, melancólica. Desquiciante. De risa sincera y de lágrima fácil. E inconstante de pura inseguridad. De ahí mi silencio bloguero de los últimos días. De ahí y de que no me da la vida porque, como digo siempre, los superhombres y las supermujeres sólo existen en el planeta Marvel, del que, por cierto, soy muy fan. 

Pero, cosas de las géminis, hoy me han brotado las ganas de escribir. La musa anda floja, asténica perdida, pero la siento. Está ahí, latente. La busco, la reto, la pico… Pero ella no entra al trapo. Así que hoy salgo sola. Todo lo sola que puede ir una géminis… con doble personalidad y tres vástagos.

Una géminis en pleno estado de cabreo por lo que lee, ve y oye. Una géminis a la que le gustaría llevar a sus seres queridos a una lejana isla del Pacífico Sur, a salvo de ‘tsunamis’ a ser posible, para fundar una nueva sociedad. A salvo de infantas, tesoreros, especuladores, ‘corbatas’, eres, recortes y entrenadores estrella… A salvo de ‘getas’, de trepas y de caretas… Una isla sin deberes, sin reformas educativas… Una isla de cuentos, pero sin bodas ni perdices. Una isla de runners, sin ‘operaciones bikinis’, ni dietas disociadas. Ni gritos. De gente enrollada, pero que no se enrolle. Cortito y al pie, como dice Di Stefano.

En mi isla tocaría Bruce. Y me sacaría a bailar; él, cojo perdido, y yo, arrítimica de nacimiento. Y se iría de cañas con mis friki amigos de la cola para terminar la noche cantando ‘Fire´ bajo las estrellas. Y el termómetro no subiría de los 30 grados, ni bajaría de los 10. Los tacones estarían prohibidos. Y las marcas. Y el ‘postureo’. Y los besos de mentira. Y las camisas. Y el dolor. Y las preguntas que no esperan contestación. Y el bótox. Y el rimmel. Y las operaciones de nariz por recomendación médica para corregir una desviación del tabique nasal que te dejan la cara como un caniche.

Mis hijos y sus amigos, en mi isla, irían a liceos sin huelgas, donde les enseñaran a aprender, a investigar, a opinar. A correr, a saltar, a trepar… Y las letras de las canciones de Sabina y Serrat. Y de Queen. Donde les enseñaran a no tener miedo a hablar en público y a hacerlo con fundamento. A escuchar. Les enseñaran a respetar, no a temer. A luchar por lo que creen. Les enseñaran a que no es más feliz el que más tiene, sino el más querido. Donde aprendieran a no joder la vida al projimo. A no desear “que se jodan”.

Una isla en la que mi niña tuviera las mismas posibilidades de salir adelante que mis hijos varones; y que los tres, partieran desde el mismo punto que los vástagos del vecino. En la que pudieran campar a sus anchas, seguros y confiados, sin que me dieran ganas de tenerlos localizados 24 horas por gps a través de un minichip insertado bajo su piel. En la que el ídolo no fuera un macarra engreído cuyo único mérito en la vida fuera golpear una pelota. Da igual con qué miembro o de qué tamaño… la pelota. Uf… Me he vuelto a pasar. Para, géminis onírica, para ya. Que me vas a dejar sin lectores… Si es que me queda alguno…

Felices sueños… yo sigo con el mío… lo tengo delante de mis propias narices y me reclama 😉

pd_ disculpen las erratas. iván no me suelta el pelo…

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11 comentarios en “La Isla bonita

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