Esas pequeñas cosas…

Cada noche, cuando tras un par de cuentos y sendas narraciones de los sucedidos del día en el cole por fin se duermen, me quedo extasiada mirando sus redondos rostros infantiles. Escucho sus respiraciones pausadas. Observo la posición de sus manos. Sus bocas entreabiertas. Reparo en lo que han crecido, en que ya no les sobra tanta cama. Y me recreo pensando lo que más amo de ellos. Esas pequeñas cosas, esos gestos que guardaría en una caja blindada contra el paso de los años para poder revivirlos hasta el fin de mis días.

El olor de mi niño. Su sonrisa de pillo. Sus centellantes ojos marrones llenos de una melancolía que me desarma. Los tres lunares equidistantes y mágicos que enmarcan su rostro. Su indómito pelo dorado. Y esas lágrimas saladas, como el Mediterráneo al que canta, que brotan de sus ojos cuando se siente herido. Los apitantos, súperheures… El gemamento…(hipopótamos, superhéroes y pegamento). Su voz…

El dulce aroma a vainilla de mi niña preciosa. Esa profundidad de una mirada color avellana que parece no tener fin. Sus labios rosas, perfectamente dibujados. La agilidad de sus movimientos. Sus saltos. La desconcertante inteligencia con la que defiende sus posiciones. Su manía a las camisas, las horquillas, los leotardos…  La delicadeza con la que apura las últimas cucharadas de su helado favorito. Cuando me llama “mami ” y busca cobijo en mi regazo. Su risa. Sus carcajadas. Y sus canciones de Abba…

Y los sonrosados mofletes de mi bebé gigante sin cuello. Su sonrisa de seductor. Sus dedos regordetes perdiéndose delicadamente por mi melena. Sus pellizcos de monja con banda sonora y mueca de nerviosismo. Su tripa. Ese “mamiti” que me persigue allá donde vaya para morderme, besarme… Y cantarme ‘Penélope’ en falsete. Verle comer sopa con la mano. Y aguetés (macarrones). Y despegarle de la trona barnizado en tomate, chocolate y migas de pan. Esos hoyuelos, por dios, esos hoyuelos…

Seguiría pero prefiero no hacerlo. A ver cómo les explico que me he puesto a llorar enumerando lo que más amo de ellos. Y vosotros, ¿con qué os quedáis?

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8 comentarios en “Esas pequeñas cosas…

  1. Precioso…Yo me quedo con su sonrisa de foto, con su carcajada cuando jugamos a que la pillo o le hago cosquillas, su voz cantando, su boquita perfecta, sus mofletes redonditos e iluminados cuando duerme, sus bailes, su inteligencia y hasta su genio cuando las cosas no son como ella quiere. Su todo

  2. Yo me quedo contigo Gema. Porque detras det ti siempre van a estar esos tres niños que tienen todods tus valores, emociones, sentimientos. Tienen tú vida y tiene la suya: una suma perfecta. Javier marcos

    • de todo eso tiene mucha culpa tú… quería ser como tú, periodistas… y tener tu risa… y tu sentido del humor y energía. ahora tb quiero correr como tú! un beso!

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