Ponerse en forma jamás fue tan divertido

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¿Sabéis ya cuál es la previsión meteorológica para este domingo, 16 de marzo?  17 grados y soleado. Y, con este tiempo… ¿se os ocurre un plan mejor que ir a El Retiro a pasarlo bien en familia? A mí, sí… Ir a El Retiro a pasarlo bien en familia… ¡mientras hacemos deporte! Pues ese es el planazo que Paula Butragueño (@pau_inspirafit), Carola Prato (@carolaprato) y yo (@gemagmarcos) os tenemos preparado para este espectacular fin de semana que se nos viene encima. Sin agobios, sin marcas, sin exigencias… Sólo queremos demostraros que para estar en forma, no hace falta sufrir. ¡Más bien todo lo contrario!

¿Cuándo y dónde es la cita? El 16 de marzo, a las 11 am, en el Ángel Caído de El Retiro.

¿Qué vamos a hacer? Un poco de todo… Pero el ejercicio y el buen rollo estarán garantizados.

¿Pueden ir niños? ¡Claro! ¡Qué mejor ejemplo para ellos que ver a sus padres disfrutar mientras hacen deporte! Y, además, también habrá sorpresas para ellos. 

¿Qué tenemos que llevar? Ropa deportiva y buen rollo. Y no olvidéis vuestro dorsal http://www.unoentrecienmil.org/proyecto-corre, con el que, además de colaborar en la lucha contra la leucemia infantil, entraréis en el sorteo de… Lo mejor es que participéis y lo comprobéis por vosotros mismos.

 

¡Os esperamos!

La dieta de las 1.000 maravillas

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Horror. Pavor. Todas las mañana, lo mismo. Bajo las escaleras mecánicas del Metro para darme de bruces con el cartel. “Todas sabemos que después de Navidad toca empezar dieta”, reza. Y todas las mañanas entro en el vagón por los pelos, reflexionando sobre el mensaje: “¿Todas?” “¿Dieta?” Y me pregunto: es que en Navidad… ¿sólo engordamos las mujeres? O es que… ¿a las mujeres se nos presupone una afición especial por las dietas? Pues va a ser que no. Ni nosotras somos las únicas que hacemos estallar la báscula, ni las dietas son la receta mágica para recuperarnos de los atracones. Menos aún, cuando la propuesta pasa por atiborrarnos a pastillas.
¿No entras en los vaqueros pitillo? Ponte otros. Tira de las socorridas mallas y vete pensando cómo vas a empezar a moverte. ¡No seas vaga! ¡No busques excusas! Piensa en positivo. ¿Qué te gusta? ¿Andar? ¡Do it! ¡Aprovecha para practicar el smartwalking al ritmo que más te guste! ¿Bailar? ¡Hazlo con tus hijos en el salón de casa! Además de divertido, liberarás estrés y los… ¡agotarás!
¡Recupera una foto tuya que te guste y ponte el reto de volver a estar así! ¿Te falta voluntad? ¿No tienes constancia? Apóyate en tus amigas más activas… ¡Apóyate en mí! Deja que sea tu ángel de la guarda deportivo. Yo también tengo trabajo, tres hijos y una agenda en llamas. ¡Y eso me hace sentir viva! Tanto que el 30 de marzo me espera el mayor reto deportivo de mi vida: ¡261WM de Palma de Mallorca, mi primer maratón! No sé si lo lograré terminar pero… ¡Qué me quiten lo entrenado!
Así que apúntate a la dieta de las 1.000 maravillas… ¡Menos chorradas y a quemar zapatillas! Ahí van mis propuestas para esta semana: un vídeo y una cita.

III 261WM Meet Running-Madrid. 18 de enero. 10:30 am. Puente del Rey.
https://www.facebook.com/#!/events/267068743451349/

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Al rico lexatín

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Mañana vuelvo a trabajar tras dos semanas de vacaciones. Dos semanas en las que me he dado cuenta del absurdo y frenético ritmo de vida en el que vivo. En el que vivimos. En el que sobrevivimos en este nuestro país de nunca jamás… la conciliación. Nos dejamos la piel por cuadrar las agendas. Por dejar a los niños en el colegio y encontrar la forma de recogerles. Por llegar a tiempo con la sandwichera de la merienda repleta de saludables manjares que mutan en emparedados de Rodilla cada vez que el cronómetro nos la juega.

Estas dos semanas me han servido para confirmar que no estamos locas. Ni locos. Que sin la soga de nuestras obligaciones diarias asfixiándonos lentamente somos otras personas. Personas que ríen, que juegan, que no gritan. ¡Que comen! Que no se aferran al lexatín -o la cerveza- para encarar el match point diario del parque, el baño, la cena y el cuento tras haber superado el enésimo día de recortes en el curro.

Asi que mientras saboreo mis últimas horas de paz antes de volver a empezar a perder kilos con mi rutina diaria me propongo jugar la prórroga de este placentero estado… cueste lo que cueste. ¿Cómo? Ni idea. Pero acepto sugerencias. La primera, la de mi amiga Maribel González: meditar. Dedicarme 10 minutos al día para desconectar. Parar frenar. No sé si lo lograré, pero lo intentaré. Eso y comer, descansar… Y…

Continuará…

Ver vídeo:

¿Aceptas el reto 261WM?

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Nunca he corrido un maratón. Hacerlo  tampoco entraba entre mis planes inmediatos. Tengo tres hijos pequeños, muy pequeños, a los que no pienso robar ni un minuto de dedicación. Un trabajo que me encanta. El día tiene 24 horas y las cuentas no me salían. Eso creía… Hasta que la organización del 261 Women Maratón (www.261wm.com/es/) de Palma de Mallorca me propuso convertirme en una de sus embajadoras en España junto a Elisa Garabatos, Eva María Tomé y Elena Sanz. Cuatro mujeres trabajadoras, con familia… Sin tiempo. Sin histórico en los 42 kilómetros. Cuatro mujeres a las que nos gusta hacer deporte, que disfrutamos haciéndolo, sin agobios, sin presiones… Cuatro mujeres que arañamos minutos al reloj para calzarnos las zapatillas, dejarnos llevar por las sensaciones y regresar a casa renovadas por el subidón de endorfinas. Cuatro mujeres como tú… Con tus limitaciones, tus obligaciones… ¡Con tus devociones!

No sé si me saldré con la mía. No sé si lograré encontrar los momentos para entrenar y poder enfrentarme al reto de un maratón. O si, finalmente, me dejaré el alma en el 10.000. Pero sí sé que disfrutaré al máximo de cada sesión, de cada cita con mis tres compañeras y nuestras entrenadoras… Que reiré… Que me esforzaré… Que compartiré con mi familia cada instante… Y que disfrutaré de cada minuto hasta que llegue el 30 de marzo de 2014 y pueda correr en Palma tras los pasos de Kathrine Switzer –primera maratoniana de la Historia- junto a Eli, Eva, Elena…  ¡Junto a ti! Porque si nosotras vamos a intentarlo… ¿por qué no lo haces tú?

Sí, quiero… ¡ponerme en forma!

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Se acabó el ´me gustaría´. El ´ya si eso…´no cuela. Toca el ´sí, quiero´. Pero el de toda la vida. El de ‘hasta que la muerte nos separe’. Porque estoy convencida. Porque tengo voluntad y lo que sigo…. lo consigo! Esa es la actitud. Ese el comienzo de un relato condenado al happy end. Un cuento, basado en hechos tan reales como nuestra agotadora agenda diaria, pero con su ´érase´ y su ‘colorín colorado´. Y érase un ´quiero sentirme mejor, pero no sé cómo´. Un ´no tengo tiempo´. Un ‘estoy agotada’. Un ‘lo dejo a los dos días’. Y un espejito que ya no era tan mágico en un país de ‘nunca parar’.

Una historia en la que TÚ marcas el inicio. Y TÚ marcas la meta y el sendero de baldosines amarillos para alcanzarla. Paso a paso. Sin dejar que el entusiasmo te abrase las ganas nada más arrancar. Sin esprintar antes de haber calentado. Sin príncipes, ni caballos blancos. Real como la vida misma. Porque TÚ, mejor que nadie, te conoces y sabes hasta dónde puedes llegar. Qué te gusta…

Tú, mejor que nadie, sabes cómo comenzar a transformar pequeños gestos diarios en el comienzo de una vida más activa y saludable. Quizá nunca te lo hayas planteado pero… ¿por qué no…

  • te levantas 10 minutos antes para estirar?
  • te olvidas del coche e intentas ir caminando o en bici al trabajo? (una hora al día paseo sería perfecto!)
  • subes las escaleras andando?
  • estiras en el baño del trabajo?
  • compruebas la magia de los abdominales hipopresivos mientras trabajas, sentada en tu silla?
  • aprovechas la hora del almuerzo para pasear o apuntarte a alguna actividad física que te motive?
  • vas andando a la compra? (apretando el trasero y prestando atención a tu core)
  • comienzas a trotar mientras empujas la silla de tu bebé?
  • juegas con tus hijos en el parque?
  • bailas con ellos durante esas eternas tardes lluviosas encerrados en casa?
  • y… cuando ya duermen, por qué no despides el día con un buen vídeo de yoga?

¿Simplezas? Puede ser. Pero funcionan. Inténtalo y prepárate para el siguiente post. ¡Cómo crear tu gimnasio en casa!

 

Por mi culpa, por mi culpa…

Por mi gran culpa. Por ella me veo así. Fustigada. Da igual lo que haga o dónde esté. Siempre siento que falto en algún lado. Por las mañanas, huyo de casa sigilosamente tras preparar los desayunos antes de que ellos se despierten. Escuchar tras la puerta sus llantos y el “no te vayas, mamá” me desarma. Lo sé. Son sus estratagemas. Sus lágrimas cesarán en cuanto salga del portal pero no lo puedo evitar. Será el síndrome de Marco. O lo que sea, pero camino hacia el Metro amarrada por una cuerda invisible que tira de mí en sentido opuesto a mi destino, en dirección al nido.

En el trabajo, intento desconectar pero no puedo. ¿Estarán bien? ¿Habrán comido? ¿Le habrá vuelto a zurrar el matón de clase? Araño minutos al reloj para salir corriendo y ser la primera madre en la verja porque, ya que no puedo llevarles al colegio, me recreo en el lance de recogerlos. Y, mientras espero, miro con nerviosismo el móvil. ¿Tendré mañana esa grabación? ¿Habrá salido el proyecto? ¿Les gustará el sándwich de pavo? Suele ser en ese momento cuando mi estómago me avisa de que con el bocadillo de la máquina no tiene suficiente; de que, o le doy algo más consistente, o avisará a mi cerebro para que desate una de esas pájaras que me dan tan a menudo. Demasiado tarde. Ellos quieren quedarse a jugar en el parque. Una de dos, o mi estómago se conforma con las sobras de la merienda o… se conforma con la sobras de la merienda. Y, mientras los miro correr y saltar, escucho las palabras de mi madre retronar en mi cerebro: “¡No te cuidas nada!”. Por mi culpa, por mi gran culpa…

Dos horas más tarde, cuando consigo arrancar a mi hija de la barra a la que se aferra cuál ventosa humana, llego a casa hecha unos zorros. Hambrienta, cansada… No hay tregua. Es la hora del baño. Juegan, ríen y yo los observo extasiada, feliz ante la visión de mi ocurrente prole. Pero mi prole no se cansa. Mi agotamiento es inversamente proporcional al suyo. Ellos se vienen arriba. Lo que empieza con un involuntario derramamiento de gel de baño acaba en la fiesta de la espuma. Y mis “os quiero, mi niños amados, la alegría de mi vida” se transforma en un “¡me vais a volver loca¡” Mis gritos les asustan. Su expresión de terror me devuelve a mi ser. Y recuerdo que los niños están diseñados para liarla parda. Que ellos no tienen la culpa de que esté agotada por pasarme el día corriendo; ellos no han inventado este sistema absurdo en el que conciliar la vida laboral y familiar se convierte en una hazaña diaria. De que son lo mejor y más precioso que tengo. Y me siento fatal por haberme transformado, durante medio minuto, en una tarada gritona. Por mi culpa, por mi gran culpa…

La cena no les gusta. Uno pide pizza; una, pollo y el otro, macarrones. Están tan cansados que quieren que les ayude a comer… a los tres… y a la vez. Y Bob Esponja me saca de quicio. A la quinta vez que llama imbécil a Patricio siento unas ganas incontrolables de arrojar el mando contra la televisión. De postre, helado. No hay duda. Miro el menú del colegio. Recomiendan fruta, pero ya no tengo más fuerzas para luchar. Será helado. Tiene azúcar. Y nata. Pero yo también lo tomaba de pequeña y aquí estoy. Claro que, antes, mis padres no tenían a decenas de pepitos grillos susurrando en sus oídos los terribles efectos de los dulces en los niños. Paso de todo. Están sanos cual manzanas. Fuertes y fibrosos. Y me muero del gusto al verles relamerse, bañados en chocolate con cookies. Por mi culpa, por mi gran culpa…

Llega el fin de semana. La hora de la siesta. Les duermo. Preparo la merienda para cuando se despierten. Es mi momento. La niña del “lunes antes de almorzar…” por fin puede jugar. Me voy a hacer deporte. A limpiarme el cerebro y dar rienda suelta a las benditas endorfinas. Salgo de casa descalza. Con los dedos cruzados… Y, nada más cerrar la puerta, otra vez los jodidos remordimientos. Debería de quedarme para recibirles cuando se despierten. ¿Qué clase de madre huye del hogar para ponerse a correr por el parque? ¿Qué tipo de madre abandona a sus polluelos para irse a hacer largos a la piscina? Por mi culpa, por mi gran culpa…

Tras la ducha, pletórica tras mi dosis del día, salgo de baño luciendo sonrisa de estrella. “¿Has hecho deporte, mamá?”, me preguntan. Sí. La gruñona se quedó en al agua; se desintegró en el cloro… junto a mis mechas… Y, como una Venus renovada, emergió una mamá limpia enérgica y optimista. Y con el contador de remordimientos a cero. “Entonces, ¿jugamos o qué?”